Cómo estudiar las Escrituras para escuchar la voz del Señor
"Escudriñad diligentemente, orad siempre y sed creyentes, y todas las cosas obrarán juntamente para vuestro bien" (Doctrina y Convenios 90:24).
Las Escrituras son mucho más que un libro de historias antiguas o una colección de mandamientos. Son la palabra de Dios y una de las principales maneras en que el Padre Celestial nos habla hoy.
El propósito de estudiar las Escrituras no es simplemente adquirir conocimiento. Es conocer mejor a Jesucristo, fortalecer nuestra fe y recibir guía para nuestra vida diaria.
El presidente Russell M. Nelson enseñó:
"Cuando hagan del estudio del Evangelio una parte importante de su vida, su capacidad para sentir gozo aumentará".
El objetivo principal: venir a Cristo
A veces podemos leer muchos capítulos sin recordar casi nada. Otras veces un solo versículo cambia nuestra forma de pensar.
La diferencia no está en la cantidad leída sino en la disposición de nuestro corazón.
Moroni invitó:
"Venid a Cristo y perfeccionaos en él" (Moroni 10:32).
Cada vez que abrimos las Escrituras deberíamos preguntarnos:
- ¿Qué aprendo acerca de Jesucristo?
- ¿Qué me está enseñando el Señor hoy?
- ¿Qué debo hacer para parecerme más a Él?
Las Escrituras fueron dadas para ayudarnos a venir a Cristo.
Preparar el corazón antes de estudiar
Comenzá con una oración
El Espíritu Santo es el verdadero maestro.
Antes de leer, pedile al Padre Celestial que te ayude a comprender lo que leas y a reconocer aquello que Él desea enseñarte.
"Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas" (Moroni 10:5).
Una breve oración sincera puede cambiar completamente tu estudio.
Llegá con una pregunta
Las Escrituras responden preguntas.
Antes de comenzar, pensá:
- ¿Qué desafío estoy enfrentando?
- ¿Qué decisión necesito tomar?
- ¿Qué atributo de Cristo quiero desarrollar?
- ¿Qué necesito aprender hoy?
El presidente Nelson ha enseñado repetidamente que recibir revelación personal comienza con preguntas sinceras.
Eliminá distracciones
Vivimos rodeados de ruido.
Para escuchar la voz del Señor necesitamos momentos de tranquilidad.
Buscá un lugar donde puedas concentrarte, aunque sean solo diez o quince minutos.
Cómo estudiar con profundidad
Buscá a Jesucristo en cada página
Uno de los errores más comunes es leer solamente buscando historias o datos.
Preguntate:
- ¿Qué me enseña este pasaje acerca del Salvador?
- ¿Qué atributo de Cristo veo aquí?
- ¿Cómo puedo seguir Su ejemplo?
El Libro de Mormón fue escrito con el propósito específico de ayudar a las personas a creer en Jesucristo.
Marcá impresiones, no solo versículos
Subrayar es útil, pero lo más importante es registrar lo que el Espíritu te enseña.
Muchas veces la revelación no está únicamente en el texto, sino en el pensamiento que llega mientras lo lees.
El élder Richard G. Scott enseñó:
"El conocimiento cuidadosamente registrado está disponible en tiempos de necesidad".
Anotá:
- Impresiones espirituales.
- Ideas que te llamen la atención.
- Preguntas que quieras investigar.
- Compromisos que sientas hacer.
Relacioná las Escrituras entre sí
Las Escrituras se explican mutuamente.
Cuando encuentres un principio importante, buscá otros pasajes relacionados.
Por ejemplo:
- Fe: Alma 32, Hebreos 11, Éter 12.
- Arrepentimiento: Alma 36, Doctrina y Convenios 58.
- Templo y convenios: Doctrina y Convenios 109, 110, 131 y 132.
- Revelación: Santiago 1:5, Doctrina y Convenios 8 y 9.
Con el tiempo comenzarás a ver cómo las doctrinas se conectan.
Un método sencillo para estudiar
Leer
Leé atentamente.
No tengas prisa.
A veces un solo versículo merece varios minutos de reflexión.
Meditar
Preguntate:
- ¿Qué significa esto?
- ¿Por qué el Señor incluyó este pasaje?
- ¿Qué me está enseñando hoy?
Nefi enseñó que debemos deleitarnos en las palabras de Cristo porque ellas nos dirán todas las cosas que debemos hacer.
Aplicar
La pregunta más importante es:
¿Qué voy a hacer con lo que aprendí?
Toda verdadera revelación invita a la acción.
Por ejemplo:
- Perdonar a alguien.
- Orar con más sinceridad.
- Servir a otra persona.
- Arrepentirse de algo específico.
- Ser más valiente al defender la verdad.
Si no aplicamos lo aprendido, el estudio pierde gran parte de su poder.
Recursos que pueden ayudarte
Gospel Library
La aplicación oficial de la Iglesia es una de las herramientas más poderosas para el estudio personal.
Permite:
- Crear notas.
- Resaltar pasajes.
- Organizar marcadores.
- Escuchar las Escrituras en audio.
- Buscar palabras y temas.
Conferencia General
Los profetas y apóstoles modernos nos ayudan a comprender las Escrituras.
Cuando un pasaje te resulte difícil, buscá discursos relacionados.
Con frecuencia encontrarás respuestas que no habías considerado.
Para la Fortaleza de la Juventud
Este recurso enseña un principio fundamental:
Aprendé a tomar decisiones guiado por Jesucristo.
Al estudiar las Escrituras, preguntate:
- ¿Cómo me ayuda esto a seguir al Salvador?
- ¿Cómo fortalece mis convenios?
- ¿Cómo me prepara para servir a los demás?
Errores que conviene evitar
- Leer solamente para cumplir.
- Estudiar sin orar.
- Buscar únicamente respuestas que confirmen lo que ya pensamos.
- Compararnos con otros.
- Desanimarnos cuando un pasaje parece difícil.
Incluso los profetas estudiaron durante años para comprender plenamente ciertas doctrinas.
La constancia vale más que la perfección.
Un plan simple para comenzar
15 minutos diarios
- Oración inicial.
- Leer un pasaje de las Escrituras.
- Buscar lo que enseña acerca de Jesucristo.
- Anotar una impresión.
- Elegir una aplicación concreta.
- Oración final.
Si hacés esto cada día, tu comprensión crecerá más de lo que imaginás.
La promesa
El presidente Russell M. Nelson prometió que quienes estudian las palabras de Cristo con regularidad reciben mayor capacidad para resistir la tentación, encontrar respuestas y sentir la guía del Espíritu.
Las Escrituras no fueron dadas simplemente para ser leídas.
Fueron dadas para cambiar nuestro corazón.
"Deleitaos en las palabras de Cristo; porque he aquí, las palabras de Cristo os dirán todas las cosas que debéis hacer" (2 Nefi 32:3).
Cuando abrís las Escrituras con fe, no estás leyendo un libro. Estás invitando al Señor a hablarte.