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El poder del ayuno y la oración

"Pero este género no sale sino con oración y ayuno." (Mateo 17:21).

A lo largo de las Escrituras encontramos hombres y mujeres fieles que recurrieron al ayuno y a la oración cuando necesitaban fortaleza, guía, protección o revelación. El ayuno no es simplemente dejar de comer; es una invitación a acercarnos más al Padre Celestial y a Jesucristo.

Cuando el ayuno se combina con una oración sincera, nuestro corazón se vuelve más receptivo a la influencia del Espíritu Santo y estamos mejor preparados para recibir la ayuda que el Señor desea darnos.


¿Qué es el ayuno?

El ayuno es abstenerse voluntariamente de comida y bebida durante un período determinado, generalmente dos comidas consecutivas o aproximadamente veinticuatro horas, acompañado de oración y adoración.

El ayuno verdadero tiene tres dimensiones importantes:

Espiritual

Nos ayuda a acercarnos al Señor y a fortalecer nuestra fe.

Personal

Nos enseña autodominio y nos recuerda que el espíritu debe gobernar al cuerpo.

Caritativa

Nos brinda la oportunidad de ayudar a quienes tienen necesidades mediante la ofrenda de ayuno.

El Señor enseñó por medio del profeta Isaías:

"¿No es más bien el ayuno que yo escogí: desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?" (Isaías 58:6).


¿Por qué combinar el ayuno con la oración?

La oración nos permite hablar con Dios.

El ayuno prepara nuestro corazón para escucharlo.

Cuando ambas prácticas se unen:

  • Aumenta nuestra humildad.
  • Fortalecemos nuestra fe.
  • Nos volvemos más sensibles al Espíritu.
  • Buscamos la voluntad del Señor con mayor sinceridad.
  • Recibimos mayor fortaleza espiritual.

El propósito del ayuno no es obligar a Dios a responder de una determinada manera.

El propósito es acercarnos más a Él para comprender y aceptar Su voluntad.

El presidente Russell M. Nelson enseñó:

"El ayuno regular ayuda a desarrollar autodominio y fortaleza espiritual".


Ejemplos de ayuno en las Escrituras

Las Escrituras contienen numerosos ejemplos de personas que ayunaron para recibir bendiciones espirituales.

Alma obtuvo un testimonio

Alma declaró:

"He ayunado y orado muchos días para poder saber estas cosas por mí mismo" (Alma 5:46).

Su conocimiento no vino solamente por estudio intelectual, sino también por el ayuno y la oración.

Ester pidió a su pueblo que ayunara

Antes de presentarse ante el rey para salvar a su pueblo, Ester pidió:

"Ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días" (véase Ester 4:16).

Los discípulos del Señor ayunaban

Después de la resurrección del Salvador, los santos continuaron practicando el ayuno como parte de su adoración y servicio al Señor.


¿Cuándo podemos ayunar?

Podemos ayunar por muchas razones justas:

  • Para fortalecer nuestro testimonio.
  • Para recibir revelación personal.
  • Para prepararnos para entrar al templo.
  • Para vencer una tentación.
  • Para recibir ayuda en momentos difíciles.
  • Para pedir bendiciones por familiares o amigos.
  • Para prepararnos para servir una misión.
  • Para buscar dirección en decisiones importantes.

No existe un problema demasiado pequeño ni una necesidad demasiado grande para llevar al Señor mediante el ayuno y la oración.


Cómo realizar un ayuno significativo

1. Comenzá con un propósito

Antes de iniciar tu ayuno, definí claramente por qué vas a ayunar.

Podés preguntarte:

  • ¿Qué necesito aprender?
  • ¿Qué ayuda necesito del Señor?
  • ¿Por quién voy a ayunar?
  • ¿Qué bendición estoy buscando?

Un propósito claro ayuda a mantener el enfoque espiritual.

2. Iniciá con una oración

Expresá al Padre Celestial:

  • Tu gratitud.
  • El propósito de tu ayuno.
  • Tu deseo de recibir Su guía.
  • Tu disposición para aceptar Su voluntad.

3. Estudiá las Escrituras

El ayuno y el estudio de las Escrituras se fortalecen mutuamente.

Algunas lecturas recomendadas son:

  • Isaías 58.
  • Mateo 6:16-18.
  • Alma 5.
  • Helamán 3:35.
  • Doctrina y Convenios 88:76.

Mientras estudiás, prestá atención a las impresiones que recibas.

4. Escuchá al Espíritu

Las respuestas muchas veces llegan como:

  • Pensamientos inspirados.
  • Mayor comprensión.
  • Paz interior.
  • Deseos de actuar correctamente.
  • Fortaleza para seguir adelante.

El profeta Elías aprendió que la voz del Señor no estaba en el viento fuerte ni en el terremoto, sino en un "silbo apacible y delicado" (véase 1 Reyes 19:12).

5. Terminá con gratitud

Al concluir el ayuno:

  • Agradecé al Padre Celestial.
  • Anotá las impresiones recibidas.
  • Continuá actuando con fe.
  • Recordá que algunas respuestas llegan con el tiempo.

La importancia de la ofrenda de ayuno

El ayuno siempre debe estar acompañado por una actitud de amor hacia los demás.

Las ofrendas de ayuno ayudan a cuidar de personas y familias necesitadas.

Cuando damos generosamente, participamos en la obra del Salvador de bendecir a Sus hijos.

El presidente Gordon B. Hinckley enseñó que las ofrendas de ayuno son una de las formas más importantes mediante las cuales la Iglesia cuida de los necesitados.


Errores que debemos evitar

Ayunar sin un propósito

Sin un propósito espiritual, el ayuno puede convertirse simplemente en pasar hambre.

Buscar imponer nuestra voluntad

El ayuno no obliga al Señor a conceder nuestros deseos.

Debemos estar dispuestos a aceptar Su respuesta.

Quejarnos constantemente

El Salvador enseñó:

"Mas tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro" (Mateo 6:17).

El ayuno debe realizarse con fe y buena disposición.

Descuidar la oración

La verdadera fuerza del ayuno proviene de su unión con la oración sincera.


El ayuno y el templo

El ayuno puede ser una preparación poderosa para asistir al templo.

Nos ayuda a:

  • Centrar nuestros pensamientos en Jesucristo.
  • Incrementar nuestra sensibilidad espiritual.
  • Prepararnos para recibir revelación.
  • Acudir a la Casa del Señor con un corazón humilde.

Muchos miembros han testificado que algunas de sus experiencias más significativas en el templo fueron precedidas por ayuno y oración sinceros.

Si te estás preparando para un viaje al templo, considerá realizar un ayuno especial durante la semana previa, pidiendo al Señor que te ayude a aprender, sentir el Espíritu y acercarte más a Él.


Una invitación

La próxima vez que enfrentes una decisión importante, una prueba, una duda o una necesidad espiritual, considerá acudir al Señor mediante el ayuno y la oración.

El Salvador prometió:

"Acercaos a mí y yo me acercaré a vosotros; buscadme diligentemente y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá" (Doctrina y Convenios 88:63).

El ayuno no es una práctica antigua reservada para profetas o misioneros. Es una herramienta sagrada disponible para cada uno de nosotros.

Cuando ayunamos con fe, estudiamos las Escrituras y oramos sinceramente, invitamos al Señor a participar más plenamente en nuestra vida.

Y al hacerlo, descubrimos que no caminamos solos.